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Noche de fiesta:nochebuena

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La luna cayó sobre su jardín, cayó despacio, como pidiendo permiso, más bien se posó en el jardín. Como la soledad, la luna invadió todo su mirar, que también era solo y también se embriagaba con las montañas. Tanto se embriagaba, que las montañas se hicieron fotografías en sus ojos. Y la luna, que no era una fotografía sino una realidad llena de nieve -¿cómo la soledad se preguntó ella?-, llena de luces salidas de la nieve, la llamaba, le decía que dentro de su corazón, podría encontrar todos los colores que no existen. Y ella, que estaba acostumbrada a soñar dormida, se imaginó que todo era un sueño, pero de pronto, cuando vio que un pajarito vestido de todos los colores salió de la luna, dudó, dudó y pensó que esta vez estaba soñando despierta. Entonces, sintió un escalofrío en la planta de los pies y se preguntó: "¿la soledad tendrá pajaritos tan coloridos?", y se respondió: "esa luna no puede ser la soledad, como no puede ser la soledad el Chimborazo cuando abraza a tanta gente, como no puede ser la soledad el amanecer en las retinas, o sea en la fotografía". Pero siguió llena de dudas. "¿Qué es la soledad?", volvió a preguntarse. Y se lo preguntó con una sonrisa en la boca y una lágrima en el lente de sus ojos, se lo preguntó con miedo a descubrirla, se lo preguntó con temor a dejarla... Y la respuesta no llegó, prefirió volver a mirar la luna, que estaba ahí, esperándola... Y de la luna -que también era un pentagrama-, salieron unos acordes del Duke Ellington. Y ella la miraba, y no se animaba a fotografiarla porque tal vez era un sueño y después no lo podía revelar. Se había acostumbrado tanto a la soledad, que pensar en acercarse a la luna confundía su pensar, confundía su piel -tan sola-, confundía su mirar, su mirada, su lente -que también ya era solo. Pero al final se decidió, y cuando abrazó la luna, se vio dentro de su corazón. Y en ese mundo, el color de los colores lo ponía ella. Y sus fotografías fueron distintas a la realidad, y el Chimborazo fue rojo, y el cielo violeta, y su sonrisa floreció por un momento... Pero de repente se dio cuenta que los colores no espantaban la soledad, y vio más bien que los colores eran la soledad, y en ese instante volvió a escuchar las notas del Duke, sintió un escalofrío en la planta de los pies y se despertó. Junto a su almohada había un pajarito, dormido.

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