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La humedad del agua

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El río se quedó quieto. La noche se paró junto a la orilla con cierto pudor, como con miedo de tocarla, de acariciarla, de lamerla. El agua corrió por su cuerpo. Brillante... Sus líneas eran como una imagen marcada por el horizonte, por la luna que, al final de cuentas es como uno de los senos del horizonte. Su cuerpo era como una luz plateada saliendo del agua, como el agua. Clara... El agua la reflejaba como no queriendo dejar que saliera, tal vez no aceptaba que sus pies terminaran en la arena. No quería que el cuerpo, tan cristal de media noche, dejara de dibujarse en la imagen del río, que es como la imagen de la noche.

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Ella, dejó caer sus gotas y su mirada y sus minutos en la orilla, como sin querer irse. Al fin de cuentas, ella era el movimiento y la poesía del río... entonces, lo miró con esas profundeza que tienen sus ojos. El río ?también profundo? se acurrucó a su lado y se acostó a sus pies como dándole permiso para la magia.

El, que también miraba al río como si fuera parte de una ilusión, de repente se quedó en los ojos de ella, se quedó en los pechos ?tan húmedos y blandos como el amanecer?; en sus piernas y, se imaginó que todo el cuerpo era como un río mojado, esperándolo.

Ella, que cada vez que entra al agua, aquieta sus mil mundos subterráneos, y su pensamiento se duerme en la imaginación, sabía también que él era una parte del agua, en realidad era el agua, ardiendo en sus entrañas.

El, que sabía del naufragio y la madrugada, sabía también, que el río era algo así como una buena morada para el fuego. Y el fuego que ardía entre las piernas de ella pidiendo el beso mojado de él, comenzó a caminar por la noche, como queriendo decir que el agua antes de mojar quemó, fue llama en la piel, fue caricia que, es como decir calma en el tembladeral del corazón.

Ella, tamborileó las piernas con sus manos, sintió que el viento le traía todo el sudor del aroma, sintió que sus brazos se erizaban y sintió también un hueco en la garganta... un frío en la espalda. Mojó sus labios (los de él) con la lengua, mojó sus manos (las de él) con el río, mojó su pelo (el de él) con sus dedos. Ellos, se mojaron hasta la madrugada y, se quemaron tantas veces, como gemidos suaves surgieron del agua. El río se quedó quieto, mojado.

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